En la cresta de la ola
Llegamos al año 1989, y la franquicia de Star Trek se encontraba en uno de sus mejores momentos. La película “Star Trek IV: Misión Salvar la Tierra” fue un éxito impensado, que colocó a la saga nuevamente en el mapa. El suceso fue tan grande que a Gene Rodenberry (el creador de la serie) comenzaron a lloverle ofertas de cadenas televisivas para regresar Star Trek a su primer amor: la televisión. Finalmente Paramount fue la que dio luz verde para una nueva serie televisiva, pero con un elenco completamente nuevo, una premisa bastante arriesgada, dado que la tripulación original se encontraba en un pico de popularidad importante. “Star Trek: La Nueva Generación”, encabezada por Patrick Stewart como el Capitán Jean Luc Picard superó todas las expectativas. Esto generó toda una nueva generación de fanáticos adolescentes que se internaron dentro de su universo gracias a la nueva serie.
A todo esto, Leonard Nimoy había logrado muy buenas críticas en cuanto a su dirección de los films anteriores, sobre todo de Star Trek IV. Esto lo había beneficiado al punto en que, en los años siguientes, dirigió dos películas bastante importantes: “Tres Hombres y un bebé” (“Three Men and a Baby”, 1987) con un muy famoso Tom Selleck a la cabeza, y “El Precio de la Pasión” (“The Good Mother”, 1988) nada menos que con los protagónicos de Diane Keaton y Liam Nesson.
Obviamente, William Shatner no se iba a quedar atrás. Él también quería tener su momento de gloria dirigiendo una película de la saga, ¿y qué mejor momento que este, cuando las cosas no podían ir mejor? Esto produce la partida de Nicholas Meyer, uno de los principales escritores de la segunda (que también dirigió) y cuarta película, y en gran parte responsable de sus respectivos éxitos, con lo cual David Loughery estaría a cargo de la historia, junto con Harve Bennett y, por supuesto, el mismísimo Shatner.
Exitosa en la televisión, exitosa en el cine, muchos espectadores esperaban ansiosos el nuevo capítulo cinematográfico. Lástima que ninguno estaba preparado para lo que vendría.
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El hijo pródigo
La trama central de la película gira en torno a Sybok, un vulcano renegado que rechazó su herencia lógica y fría para dejarse guiar por sus sentimientos. Casi podríamos decir que decidió dejar de ser vulcano para convertirse en humano. Decide emprender un viaje místico en búsqueda de Dios, y para lograrlo va a necesitar la ayuda del Enterprise y toda su tripulación. Pero no se trata de un vulcano cualquiera. Este muchacho utiliza la famosa “fusión de mentes” de una manera muy particular: Haciendo que cada persona se enfrente a su miedo o trauma más grande, y mediante esto lograr “liberar” al individuo de ese enorme peso, convirtiéndolo en un seguidor autómata y creyente en su palabra. Igual que un pastor evangelista, pero sin el acento brasileño.
En esta pequeña sinopsis encontramos los dos puntos más conflictivos de todo el guión (que, por cierto, está repleto de agujeros)
Por un lado, no caben dudas de que el protagonista principal de toda la película es Sybok. La trama gira siempre en torno a su historia, a su búsqueda y cómo se las arregla para arrastrar a Kirk y compañía a lo largo de su viaje. Todos quedan embobados con él debido a su truco mental, en el que parece lavarles el cerebro a veces, liberarlos de sus miedos otras, o mostrarles visiones (que a veces ve uno solo, y a veces ven todos). Este poder cambia según el guión y la situación lo requiera.
De esta manera, toda la tripulación del Enterprise queda reducida a un papel secundario de apoyo a los planes del vulcano. Todo el trabajo de construcción de personajes y definición de personalidades tan rico de la anterior película, es completamente dejado de lado y olvidado en esta nueva aventura. Personajes desdibujados e inútiles, podrían haber estado o no y nada habría cambiado. Para colmo, la presencia del vulcano renegado en ningún momento se siente como una amenaza. Se lo ve constantemente alegre, con una gran sonrisa en su cara, sin presentar ningún peligro para nadie. Entonces, no nos genera ningún tipo de aprensión o miedo, y bajo ningún punto de vista llegamos a temer por la vida de algún miembro de la tripulación, algo que potencia todavía el desinterés que genera toda la historia, donde el punto de enfoque está siempre ubicado en Sybok y su viaje revelador.
Y así conectamos con el segundo punto conflictivo del guión: La búsqueda mística. La saga de Viaje a las Estrellas siempre se destacó por un alto contenido de ciencia ficción, incluyendo teorías científicas muchas veces interesantes y lógicas. Siempre que incluyeron algún elemento puramente fantástico en sus historias, se produjo un cortocircuito en la esencia del film. Pasó en la primer película con la “unión de entidades” del final, pasó en la tercera con la resurrección y crecimiento de Spock, y sucede aquí con esta búsqueda celestial por parte de Sybok. Así, la historia termina convirtiéndose en una aventura fantasiosa, donde cualquier cosa es posible sin necesidad de explicación alguna. No es esta la forma en que funciona el universo de Star Trek, definitivamente.
Igualmente, si el único problema de la película fuera el hecho de que la tripulación queda relegada a un segundo plano y que el enfoque de la historia es demasiado esotérico, todavía podríamos tener la esperanza de encontrarnos con un guión interesante, atrapante y que nos dejara un final excepcional. Y es en este punto donde el film verdaderamente se destaca, pero por la distancia abismal que lo separa de alcanzar algo de eso.
Chocando contra la frontera final
Se nota en las primeras escenas en el Enterprise que, dado el éxito que tuvo el enfoque humorístico de la entrega anterior, quisieron capitalizar un poco de esto que ya habían testeado con éxito, y nos muestran una serie de gags referidos a la nave y su mal estado. Lo vemos a Scotty renegando con todos los imperfectos, Kirk intentando grabar su starlog en una máquina descompuesta, puertas automáticas a medio abrir, y demás chistes sin sentido y con muy poca gracia.
El problema aquí es que ninguno de los guionistas se sentó un rato a analizar qué era específicamente lo que funcionaba desde el lado del humor en “Misión: Salvar la Tierra”, y es que la comedia estaba centrada en los personajes y su interacción con el mundo del siglo 20, no en situaciones ridículas como Scotty golpeándose la cabeza con una viga. Así, el humor se tornaba mucho más interesante e inteligente, logrando una complicidad con el espectador que, por un lado, conoce la idiosincrasia de los años ’80, y por el otro sabe cómo piensan y actúan los personajes. Esto integra mucho más en la trama a quien está viendo la película, y produce situaciones cómicas imposibles de darse en otro contexto que no fuera Star Trek. Mientras que Nimoy, a pesar de la comedia (o gracias a ella), lograba mostrar que los personajes son dignos de sus puestos en el Enterprise, inteligentes y humanos; Shatner lo único que logra es ridiculizarlos a todos (Kirk incluido).
A la pésima dirección de actores de la película con el buen Bill detrás de cámaras podemos sumarle la nula emoción generada en las pocas escenas que posibilitaban esto. Porque a lo largo de la historia tenemos algunas situaciones que podrían haber aportado algo de tensión, o al menos un golpe de efecto, como el infiltramiento de la Federación en Nimbus III, la relación entre Sybok y Spock, o el gran viaje místico de toda la tripulación. Hay incluso un intento de mostrar un universo alienígena variado, con la inclusión de un bar repleto de seres de todo tipo (que recuerda bastante al de Star Wars), pero ni siquiera la felina de tres pechos logra general algún tipo de interés.
Todo sabe a poca cosa, intrascendente y olvidable.
Una de las excusas enumeradas por Shatner con respecto a lo desastroso de la película es que ILM (“Industrial Light & Magic”, la compañía de efectos especiales fundada por George Lucas) estaba muy ocupada realizando los efectos de “Cazafantasmas II” e “Indiana Jones y la Última Cruzada”, y por lo tanto no participaron del film. Esto dio como resultado los pésimos efectos que se ven en la película, donde se pueden notar que los personajes se encuentran sujetados por cables suspensores cuando están en el aire y las explosiones y rayos que se llegan a ver son ridículos y terminan siendo más graciosos que los chistes que tratan de contar al principio.
Sin embargo, la ausencia de ILM en los efectos especiales no evita que podamos disfrutar del maravilloso puente de mandos del Enterprise NCC-1701-A, que apenas pudimos vislumbrar al final de “Star Trek IV”. Todo los controles de la nave fueron rediseñados de manera fabulosa, con una muy buena actualización en cuanto a las interfaces, incluyendo todo en forma de pantallas táctiles (décadas antes del iphone), reemplazando los antiguos monitores (que parecían televisores) por gráficos visuales de la nave, eliminando las teclas, botoncitos y palanquitas sesentonas que venían arrastrando del anterior Enterprise. Incluso las herramientas de Scotty sufrieron un upgrade, y lo vemos utilizar una especie de destornillador electrónico muy interesante. Esto es sin lugar a dudas el único punto a favor que puede destacarse de todo el film.
Las mejores peores escenas de la saga
Vamos a hacer un ejercicio al estilo de “Elige tu propia aventura”:
“Eres el capitán de una nave intergaláctica cuya misión es infiltrarse en una base enemiga en un lejano planeta, para rescatar a tres rehenes que han sido capturados. Tu primer obstáculo es un grupo de vigilancia de varios hombres armados que se interponen entre tu equipo y la ciudad a la que debes llegar. Necesitas distraerlos para poder reducirlos sin que lleguen a alertar a su jefe y así robarles sus caballos y vestimenta para lograr infiltrarte.
- Si decides hacerte pasar por uno de los habitantes de ese planeta, clamando que te has perdido en el desierto para desconcentrarlos y que tus soldados ataquen, ve a la página 48.
- Si prefieres hacerte pasar por un soldado herido, pidiendo ayuda desde lejos para que un grupo de soldados se acerque a investigar y ahí atraparlos, ve a la página 79.
- Si en cambio prefieres llamar a la nave, decirle a tu Oficial de Comunicaciones de 57 años que baje desnuda y se ponga a cantar en la cima de una loma tapándose solo con unas plumas, para que los soldados queden embelesados por su imagen y así se acerquen al lugar sin armas ni ningún tipo defensa, totalmente embobados, ve a la página 148.“
No se cual elegirían ustedes, pero todos sabemos que Shatner iría a las página 148 sin pensarlo dos veces.
Lo primero que se le cruza por la mente a cualquiera que ve esta escena es: ¿Qué se fumaron estos muchachos? ¿A quién se le puede ocurrir una escena así? La respuesta a esa pregunta tiene nombre y apellido: David Loughery. Pero antes de proceder a su linchamiento público, hay que ser justos con el muchacho y reconocer que es responsable pero solo en forma indirecta. Ocurre que en las reuniones preliminares entre los guionistas, cuando recién se estaba cerrando un primer boceto del guión, Loughery comentó a modo de chiste que estaría bueno que la comandante Uhura apareciera como una bailarina exótica, para distraer a los soldados que vigilaban la entrada a Paradise City. Claro que el buen David no se imaginaba que los productores iban a decidir incluir esa escena en el film.
Sin embargo, dicho momento no es el más odiado de esta película por los fans de la serie. De hecho hasta podría considerarse un momento clásico dentro de la saga, debido a su ridiculez por un lado, y a las piernas de Uhura por el otro (¿eran de verdad las piernas de Nichelle Nichols las que enfocaba la cámara al comienzo del baile? Mmmhhh…)
Luego de que conocemos a Sybok (que es presentado de la manera más trillada posible, con risa demente a contraluz de un ocaso incluida), nos encontramos con un sujeto trepando una montaña, quien resulta ser nada menos que James Kirk.
Más allá de lo poco creíble que es toda esta escena (desde los visibles cables que sostienen a Shatner hasta el horrible efecto de Spock volando con sus botas a propulsión) la debacle total llega cuando estos dos, junto a McCoy, deciden hacer un fogón en medio del bosque, con Spock asando malvaviscos y los otros dos entonando las estrofas de “Row your bote” (“Rema tu bote”, una canción infantil típica canadiense). Desde este momento ya podemos vislumbrar la ridiculización de los personajes que vamos a encontrar a lo largo del film, tanto por la forma infantil en que muestran la lógica de Spock en la situación (sacando un malvavisco y poniéndolo en una ramita porque “estudió” esa ceremonia) como de los otros intentando hacerle entender como cantar la canción. Un momento que bien utilizado podría haber servido para mostrar el costado humano de los tres, o afianzar su amistad, es totalmente desperdiciado.
El encuentro celestial
También es desperdiciado lo que podría haber sido algo interesante de ver, que es el encuentro con el mismísimo Dios. Por más que finalmente resultó ser una entidad no corpórea atrapada en ese planeta, podría haber resultado en algo revelador y de gigantesca magnitud, o al menos en una enorme sorpresa para todos.
V’Ger, el enemigo de la primera película de Star Trek poseía características divinas muy bien elaboradas, sobre todo cuando proceden a ingresar a la nave, en la cual no vemos límites, y se encuentra todo el conocimiento del universo, con imágenes de galaxias enteras en los laterales. Todo ese contexto logra maravillarnos tanto a nosotros como a los mismos personajes, que no pueden creer lo que están viendo. ¿Cómo es posible entonces que, 10 años después, materialicen a Dios como… una cabeza flotante?
Nuevamente, los pretextos de Shatner en cuanto al presupuesto y la ausencia de ILM entran en escena. Estos últimos fueron los responsables de lograr la representación de V’Ger, y el hecho de estar ausentes en este film produjo la baja considerable en el nivel de los efectos. Además, según dice Shatner, en el guión original, cuando llegan al encuentro con el falso dios, el suelo debía abrirse de par en par y revelar los diez niveles del infierno, en un claro homenaje al infierno de Dante Alighieri. Desde allí surgirían monstruos enormes hechos de roca que perseguirían a Kirk y los demás, logrando (supuestamente) una escena bastante espectacular y magnificente. Pero todo fue cambiado por los problemas antes descritos, y el final terminó siendo Kirk escapando de la cabeza gigante de George Murdock (quien, además, emite unos chillidos espantosos que parecieran indicar que se agarró la pinchila con el cierre del pantalón).
Cuando salió la edición en dvd de todas las películas de la tripulación original remasterizadas, Shatner pidió a la Paramount que le otorgaran un pequeño presupuesto para poder completar el film de la manera que lo había concebido originalmente. Pero el estudio se negó rotundamente, lo cual no es nada raro, dado que no iban invertir más dinero del que ya habían perdido años atrás cuando la película se estrenó originalmente, sabiendo que es repudiada por toda la comunidad trekker.
Con rumbo desconocido
De más está decir que la película resultó en un fracaso total de taquilla. Destrozada por la crítica y odiada por los fans, es considerada por estos últimos como la peor de la saga (aunque alguna que otra competidora por el puesto surgiría en el futuro), a tal punto que los trekkies más acérrimos ni siquiera la consideran como parte de la continuidad del universo de Star Trek.
Esto repercutió principalmente en un proyecto que venía barajándose desde antes de la filmación de Star Trek V, llamado “The Academy Years” (también conocido como “Starfleet Academy”), en la cual se contaría la historia de cómo se conocieron en la academia espacial un joven Kirk y un joven Spock. Los problemas para reunir al elenco original cada vez que se planeaba una nueva película y el incremento de los presupuestos de realización plantearon la posibilidad de filmar una precuela que, contando con actores jóvenes y menos conocidos, resultaría en menores gastos para el estudio. Pero el desastre que significó esta nueva entrega en la saga cinematográfica de la serie tuvo como consecuencia que el proyecto quedara encajonado, y tendríamos que esperar 20 años para poder conocer esa historia de la mano de J. J. Abrams.
Así, la continuidad cinematográfica de la saga presentaba serias dudas. La nueva serie estaba dando muy buenos resultados, y toda una nueva generación de trekkers estaba naciendo con la figura de Picard como el capitán del Enterprise. ¿Era este el ocaso de Kirk y su tripulación?















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