Anoche vi

‘Robó, huyó y lo pescaron (1969)’ : El nacimiento de un grande

Por M - 3 febrero 2014  |

Robó, Huyó y lo Pescaron

Uno de los objetivos que nos propusimos para este nuevo año, además de reflotar los abandonados “Anoche Vi”, es darles el enfoque con el cual los creamos, que es el de hablar de las películas que vamos viendo sin que necesariamente sean estrenos. Digamos que algo similar a lo que hacemos con DC! de Culto en el podcast, pero no orientado solo a cine de culto sino a cualquier película de la que de pronto tengamos ganas de comentar algo, y en lo posible armar un espacio de debate con los amigos que entran al sitio, que es lo mas divertido. Y el honor de ser el primero en tener un film “no estreno” en el Anoche Vi es el gran Woody Allen. DICEN que cuando Allen se enteró de esto rompió en lágrimas al grito de “No soy digno, no soy digno”. Tranca Woody, que vos te lo merecés.

Probablemente debido al revuelo que armó Blue Jasmine (la última película del director) es que me saltó el bichito de rever algunas de sus primeras películas, a las que hacía mucho no me acercaba. Allen es uno de mis directores favoritos, quienes sean asiduos al sitio ya lo sabrán. De los directores norteamericanos (vivos) lo tengo en el podio con Scorsese como dos tipos de los que voy a ver cualquier cosa que saquen ciegamente. Y a veces mas, a veces menos, salgo siempre hecho. Pero por supuesto que no tiene sentido ponerse a escribir esto si ya de movida solo voy a tirarle flores, así que me voy a colocar mi mejor traje de “abogado del Diablo” para evaluar que me pareció “Robó, huyó y lo pescaron” (Take the money and Run, 1969) en este nuevo visionado.

Un buen ejemplo del estilo de humor bizarro de Allen

La película cuenta la historia de Virgil Starkwell (Woody Allen), un muchacho que desde temprana edad ingresa al mundo de la delincuencia, dentro del cual va haciendo carrera a lo largo de su vida, carrera casi siempre plagada de traspiés y problemas fruto principalmente de su ineptitud. Podríamos decir que estamos ante uno de los primeros “Mockumentaries”, o documentales en joda (para los amigos) que se hayan realizado, al menos que yo tenga presente. Allen venía de escribir mucho para televisión y ya había dado el salto a la pantalla grande con el guión de What’s New Pussycat? en el 65, el experimento bizarrísimo (que quedará para otra vez) de “What’s up Tiger Lily?” en el 66 y su papel en Casino Royale (la versión en comedia con David Niven). Podríamos decir que Robó, Huyó y lo Pescaron es la primer película del resto de su carrera para Woody Allen, porque es la primera donde él mismo escribe y dirige, algo que mantendría en casi todas sus producciones posteriores y casi casi se convertiría en su marca registrada.

En esta ocasión Allen toma un estilo de humor delirante que explotaría a full en los 70, con Monty Python como el exponente mas fuerte (aunque Benny Hill ya venía preparando el terreno) y que se convertiría en el principal denominador en sus producciones de los años siguientes, mas o menos hasta mediados de los 70. Hasta ese momento venía de laburar mucho como guionista de humor además de como comediante de stand-up, por lo que la película tiene una impronta muy fuerte sobre su material humorístico, sobre todo por el “personaje” de neurótico que ya había armado para sus shows y le funcionaba muy pero muy bien.

Uno de los momentos clásicos de la película

La película en general es casi una sucesión de sketches de distintos momentos de la vida de Starkweel y sus sucesivos intentos de hacerse un nombre como ladrón, unidos por el narrador para darles cierta cohesión. La mayoría de las secuencias se podrían recortar y ver de forma individual y prácticamente servirían como un corto humorístico sin problemas. Esto produce que por momento se pierda la idea del documental, sobre todo porque la mayoría de las escenas están filmadas como una película standard, con cambio de planos y una edición muy marcada. Ok, era imposible hacerlas de otra forma, pero bueno, la sensación de documental se pierde igual y termina funcionando más como una película con un narrador, o un “mocku-biopic” para inventar un nuevo género. Esto queda bastante en evidencia si lo comparamos con otras películas similares, como por ejemplo con The Rutles (documental en joda a Los Bealtes) que vendría unos años después. Igual el mismo Allen se daría revancha en el 89 con la monumental Zelig, donde ahí si arma un documental con todas las letras. Pero eso queda para otro momento.

Además del clásico (nuevo en esa época) personaje neurótico de Allen, tenemos como co-protagonista a una durísima Janet Margolin, interpretando al interés amoroso del personaje de Allen. Margolin no va a pasar a la historia como una excelente actriz, pero en esta película está más dura que Jordan Belfort en El Lobo de Wall Street. Tal vez forme parte de la falta de experiencia de Allen como director también, pero por momento pareciera que la muchacha no sabe ni que es lo que está haciendo en la película. Parece un androide, no transmite ninguna emoción, lo que frente a la exageración del personaje de Allen hace mucho ruido. Sobre el final aparece muy poquitito Louise Lasser (que unos años después protagonizaría Bananas con Allen) y se nota muy claramente la diferencia. Calculo que Margolin está principalmente para verse linda en pantalla, algo que le sale muy bien sin mucho esfuerzo, obvio.

Janet Margolin, muy linda pero muuuuy duranga

A quienes estén mas familiarizados con las películas mas modernas del director, pongamos desde Annie Hall para acá, seguramente les va a llamar la atención lo poco… Woodyallenesca que se ve toda la película. Si bien esto es algo que se nota mucho en esta primer etapa, acá en particular salta muy a la vista que es uno de sus primeros trabajos como director, porque está muy lejos de la finura o precisión que fue desarrollando después, mas que nada a partir de que trabajó con Gordon Willis como director de fotografía desde Annie Hall. Hay algunas escenas donde se hacen unos acercamientos en post producción que quedan muy raros (aunque esto es algo que Monty Python usaba mucho, así que tal vez sea a propósito).

Igualmente, a pesar de estos temas, el timing del humor, sobre todo desde el guión, está súper aceitado. El nivel de delirio va aumentando muchísimo a medida que avanza la película, con muchas secuencias que no tienen ningún sentido. Los libros que tiene escritos Allen con cuentos y demás yerbas tienen un humor muy similar al de esta película (que a su vez es muy similar a lo escribía Groucho Marx, pero ese es otro tema) y me pareció que algunas partes serían más graciosas a nivel guión que viéndolas filmadas, principalmente los chistes que derivan de algún comentario del narrador y la imagen solo “liberaliza” ese comentario. Por ejemplo, hacia el principio de la película Starkwell se somete a unas pruebas con una nueva vacuna a cambio de la libertad condicional, y nos cuentan que dicha vacuna “No tuvo ningún efecto secundario, salvo el hecho de que durante 48 horas se convirtió en un Rabino”. Este chiste escrito y leído al pasar dentro de un cuento funciona perfecto con el nivel de delirio que tiene, pero viendo en pantalla al mismo Allen disfrazado de rabino y recitando la torá me resultó mas extraño que divertido.

Donde la película brilla es cuando el humor se centra en la parte visual, como cuando Allen quiere robarle la cartera a quien luego sería su mujer y esta lo descubre, o cuando va a una entrevista de trabajo y termina dando vuelta los roles para pasar a estar él como una especie de conductor de programas de concursos. Hay muchas escenas memorables como estas, pero el ritmo general de la película empieza a decaer un poco hacia el final, creo que principalmente porque empieza a hacerse un poco repetitivas las situaciones y el tipo de humor. Pero como estamos en otras épocas en las que no estaba de moda hacer películas de mínimo dos horas, Allen la termina en el momento justo en que podría comenzar a hacerse densa (dura unos 80 minutos) por lo que el saldo es sumamente positivo.

Una de las tantas veces que el pobre Virgil termina en prisión

Me llama la atención como alguien puede haberle dado a Allen dos mangos para hacer esta película. Resulta tan extraña hoy en día que ni me quiero imaginar lo que era para fines de los 60, sobre todo por el nivel de delirio que tiene el humor. Escenas como el asalto al banco, donde se arma un debate sobre la redacción de la nota para el cajero deben haberle generado ira a más de uno. O también alguna que otra voladura de cabeza. Hoy en día estamos muy acostumbrados a este tipo de humor, pero que Allen lo haya hecho a fines de los 60 lo marca como uno de sus pioneros, por lo que es una película obligada para todo fanático de Monty Python, Alfredo Casero o Peter Capusotto.

2 Comentarios

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  1. festejo por la “nueva sección”, je; una idea genial, sobre todo si tenemos en cuenta la mezquindad de los estrenos de los jueves.

    Peliculón. Allen también es uno de mis directores preferidos. Sostengo que, incluso siendo tan prolífico, jamás hizo una película mala. Esta está alta en mi ranking woodyallenesco; no está tan ‘fresca’ en mi cabeza, digamos, pero recuerdo haberme reido hasta las lágrimas. Vamos a darle play de nuevo.