Anoche vi

El juego de la fortuna: Tachame la doble

Por M - 5 febrero 2012  |

A ver, les tiro el plot para una película sobre deportes y ustedes me dicen cuál es: Tenemos un equipo chico de baseball que está en las últimas, abajo de todo, sin un atisbo de esperanza. No la pega ni con cemento de contacto. El horizonte es completamente oscuro. Aparece un tipo que cree poder salvarlo pero, por supuesto, nadie cree en él. El equipo es de lo peor, todos hablan pestes, es el hazmerreír de la liga. Pero el tipo es testarudo, cree plenamente en sus ideas, por lo que, tarde o temprano, cuando todo parece perdido, la cosa cambia, sus planes comienzan a funcionar y, al final, todo sale relativamente bien, todo el mundo habla maravillas del equipo, ¡es un milagro! y todos terminan felices y contentos.

¿Cuál es la película?

Nop, no es ninguna de las 200 películas sobre baseball que hizo Kevin Costner.

Tampoco es Major League.

Nop, ni The Rookie ni The Natural.

No no, no es Mr. Baseball.

Eeemh… en esa también está Kevin Costner.

La película es El juego de la fortuna. Si, la de Brad Pitt. Si, esa que está nominada para los Oscar. ¿Que tiene un planteo muy genérico que ya vimos mil veces en casi todas las películas deportivas? Puede ser, pero me olvidé de comentar un pequeño detalle. En todas las películas que nombramos, este personaje que cambia todo, el que marca la diferencia, el que se la juega a pesar de la adversidad y con todo en contra, es siempre un jugador. Ok, CASI siempre es un jugador, muchas veces tenemos directores técnicos (o entrenadores) iluminados para ganar. Pero a lo que voy es a que casi siempre la diferencia sale de la cancha.

Bueno, ese foco, en la película en cuestión, cambia radicalmente, para pasar a centrarse en el manager del equipo. Si, ese que en el 99% de las películas es el culpable de que todo salga mal, y el que pone palos en las ruedas de quienes tienen el poder de sacar las papas del fuego.

Ahora, ¿eso es suficiente para que con un plot tan genérico no salga una película de deportes más?

Bastante.

Principalmente porque lo que vas a encontrar acá no es una película sobre deportes en sí mismos, sino sobre la economía en el deporte. Podríamos situarla en el grupo de películas deportivas al que pertenece Jerry Maguire, esas que te muestran lo que ocurre por fuera de la cancha.

Olvidate de la magia, del “eye of the tiger”, del discurso motivacional; acá lo que valen son los números. La premisa no es “demostremos que somos los mejores porque amamos este deporte”, sino “¿cómo hacemos que 37 palos verdes nos rindan lo mismo que 140?”. Y es en torno a ese punto que Billy Beane (Brad Pitt) y Peter Brand (Jonah Hill) van a dar rienda suelta a sus estratagemas más complejas para sacar adelante al equipo.

"Muchachos, se terminó la joda. Si no ganamos bajamos la persiana y abrimos un parripollo"

De esta forma se va construyendo una especie de aventura financiera en la que se ven desfilar más números que jonrones. Los momentos más emocionantes de la película tienen lugar alrededor de un escritorio, en reuniones y en regateos de compra y venta de jugadores, que te enganchan desde el primer momento y que te van llevando a lo largo de las más de dos horas de duración de la película (las cuales se te van a pasar volando) para plantearte muchos puntos de vista sobre el deporte que dan para debatir un buen rato.

Ahora bien, yo me pregunto, ¿es para tanto? O sea, ¿es como para que esté nominada en las categorías más importantes (mejor película, mejor guión, mejor actor principal y de reparto, mejor edición y mejor mezcla de sonido) de los premios de la Academia? Y… mas o menos. Como ya dijimos, el camino que va a recorrer la historia ya lo vimos mil veces, pero los elementos que utiliza no son los de siempre (una de las cosas más importantes en cualquier película hoy en día, el cómo antes que el qué). Toda la narración está súper aceitada, tiene el ritmo preciso para hacerte llegar hasta el final sin que hayas tenido que revolverte en la silla o mirar el reloj para chequear cuanto falta. Incluso el lenguaje técnico y todos los tejes y manejes propios del deporte son absorbidos tranquilamente aunque no tengas idea de que es un pitcher o “lograr una base”, aunque definitivamente cierto conocimiento mínimo de cómo funciona un partido de baseball te va a hacer disfrutar mucho mas la trama).

Entonces podríamos llegar a discutir las dos primeras nominaciones.

- "Brad, ¿cómo me queda este sueter?" - "Te queda lindo, te hace más flaco" - "Salamero..."

Pero a donde quiero llegar yo es a esto: ¿Brad Pitt como mejor actor? Este es casi un papel básico para Brad, ni parece tener que esforzarse para hacerlo. Tiene condimentos que ya le vimos en decenas de otros films: cierta melancolía BejaminButtoneana, algo de sequedad JoeBlackesca, una buena dosis de seguridad JesseJamesística y, por supuesto, grandes cucharadas de encanto GranEstafístoso (aunque esto lo tiene en casi todos sus papeles). Cumple muy efectivamente con su personaje, y es el responsable de que muchas de las escenas “de escritorio” que mencionaba antes resulten
Pero a mi me gusta el otro Brad Pitt, el que rompe con el papel del niño bonito que la tiene clara. El de Pecados Capitales, 12 monos, El club de la pelea, Bastardos sin gloria. Hasta en Quémese después de leerse. El papel que interpreta acá, si bien tiene algunas gesticulaciones pittescas (sobre todo en las escenas de compra/venta de jugadores), es uno más del montón, es como poner a Bruce Willis en el papel de policía duro. Y si, el tipo lo va a hacer bien de taquito. Pero bueno, en algún momento le tienen que dar el premio que no le dieron por 12 monos.

Jonah Hill tal vez si tenga un poco más de mérito, ya que no es fácil sacarse de encima la mochila del “gordito salamín”, y acá lo logra muy bien. Aunque se le siguen viendo ciertos tics clásicos de todos sus papeles, como los silencios y la cara de piedra cuando se queda pensando una respuesta, dentro del contexto de la película lo lleva adelante muy bien.

Ahora, quien más me llamó la atención de todo el elenco es (como casi siempre) Phillip Seymour Hoffman. El poder de transformación que tiene este muchacho en los papeles que encarna es asombroso. Incluso en uno tan chiquito como el que interpreta en esta película (demasiado chiquito como para aspirar a una nominación a algún premio). Es el mejor DT de baseball que recuerdo haber visto en una película, y solo a base de gestos, expresiones faciales y sobre todo su mirada en el campo de juego, ya que sus momentos de diálogo son mínimos. La primera vez que aparece, sin decir ni una palabra lo reconocés como el entrenador enseguida, y tenés que mirarlo un par de veces para darte cuenta que es el amigo Phillip.

Phillip, te banco a muerte. Sabelo.

Pero bueno, al margen de los protagonistas, el fuerte de este film es que casi se podría decir que es la anti película de deportes, porque lo que acá menos importa es el deporte en sí. Va en contra del “jogo bonito”, esto es la mecanización del baseball, la transformación del juego a una serie de estadísticas. En esta película se rinde tributo al equivalente futbolístico de jugar con todo el equipo atrás, y depender de algún que otro centro a un único delantero a ver si alguna vez la pelota entra al arco.

Y entonces me pregunto, ¿es esto bueno? ¿Está bueno sacarle la magia de esta manera al deporte? ¿Está bueno que una película plantee esto como el camino correcto a seguir? Si, eso ya es otra discusión, pero el hecho de que la película lo muestre, que salga a decir “che, todo bien con el juego, pero acá lo que importa es la guita” y construya con eso un film sobre baseball que te atrapa de una forma completamente distinta a las otras que viste, alcanza para ponerla entre mis películas preferidas de este deporte.

Obvio que siempre detrás de “Cuidado, Hércules vigila” (The Sandlot), la mas mejor película sobre baseball de este lado de la galaxia.

8 Comentarios

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  1. acabo de ver la peli por esta recomendación, genial tu análisis y genial la pelicula

  2. Me tienta menos que Caballo de Guerra, pero voy a ver ambas sólo por la tradición de tener visto todo lo posible antes de la ceremonia.

  3. ok, convencido… iba a argumentar lo que ya pusiste en el primer párrafo, así que cierro el hocico y la miraré…

  4. Listo, me la vendiste. Y el toque de bilardismo, que lo detesto, me terminó de convencer.

  5. SPOILER
    La mejor escena de toda la película, lejos, es cuando quieren incorporar a Rios, y Pitt hace unas vueltas locas para conseguirlo. Muy emocionante.

  6. Ah, me olvidé: excelente la escena donde Pitt le enseña a Hill a echar a los jugadores, y donde después éste lo pone en práctica con un temor en su rostro impresionante. Gloriosa escena

  7. Volvió el “Anoche Vi”!! Moneyball… muy buena película. Para mi lo más destacable es su guión, escrito por Sorkin y Zaillian, que son dos fenómenos. A partir de ahí creo que es donde se sostiene todo. Los diálogos son atrapantes e inteligentes (hay algunas escenas que me recordaron a Red social, sobre todo donde debaten a qué jugador incorporar). También creo que es una película que trasciende cualquier deporte; de hecho yo no entiendo una goma de beisbol y por momentos se te eriza la piel. Sobre la actuación de Pitt, está bien, no sé si merecía la nominación, pero lo seguro es que no lo gana. El que sí está muy bien es Jonah Hill, y le hago el aguante para el Oscar. Se alejó de la comedia y no sólo cumplió, creo que terminó siendo una revelación. Muy bueno el texto!